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Momentos para meditar en compañia [Everleigh R. Pryder]

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Momentos para meditar en compañia [Everleigh R. Pryder]

Mensaje por Bernard J. Torrentino el Dom Abr 28, 2013 5:54 pm

El cuarto día en Dazzle.

Bernard había salido más tarde de lo usual del que era su hogar en aquellos días. Sonrisas forzadas a cada persona que se le atravesara por el camino, Dazzle le resultaba deprimente, incidentes para mal en su vida. Podría ser una maldición que debería cargar o simplemente esta ciudad no era para él.

La muerte de su líder había sido un trágico incidente para su bando, cuando Timoteo le había hablado aquella tarde sobre el incidente, él había estado entre la espada y la pared, había estado separado de todo lo que tenía que ver con el mundo mágico al que había estado acostumbrado estos 28 años, pero su deber era estar en Dazzle, su familia wind le necesitaba, era uno de los más grandes en el bando y les debía su presencia a su única familia. Bien sabía que muchas cosas y miembros nuevos habían aparecido en el bando, muy pronto debían escoger a un líder y él debía estar ahí para apoyar las decisiones de su gente.

Bañador beach fue su primer y única opción aquella tarde. Una pequeña caminata por el lugar al que él se refería como “su lugar para pensar”. Aparco su audi a8 en la arena, un lugar separado a donde los demás habitantes de Dazzle no llegaban, un lugar solitario en la costa.

Unos momentos sobre su coche admirando el oleaje, los recuerdos llegaron a su cabeza.

-No hay motivos para permanezcas aquí… - decía Adriana lanzándole la ropa de él fuera de la habitación. – No te quiero ver… - las lágrimas estaban sobre sus ojos.

-Adriana, cariño…

-No me digas cariño – Bernard frunció el ceño negando con la cabeza, su frustración era cada vez más grande. -Lárgate… - dijo al fin la castaña con todo el coraje. Bernard dio un paso hasta ella pero de inmediato ella se alejó más.

-Las cosas no son como parecen… si tan solo lo hablamos tranquilamente, podremos solucionar todo… - ella negó cerrando de golpe todas las puertas abiertas de la casa, ella era una wind más.”


Aquella noche él había estado en “El deslumbrante”, sin fin de problemas le había traído ese lugar, las mujeres que habitaban en las noches ese lugar no eran de confiar ante los ojos de Adriana. Pero ¿Qué eran las relaciones sin problemas? Los celos de su difunta esposa habían sido lo más tierno que Bernard le gustaba de ella, pero aquella noche no habían sido así. Después de la pelea, él se había marchado a la costa, no quería ir a ningún otro lugar.
Volvió de sus pensamientos al percatarse que no estaba solo, frunció el ceño saliendo del coche, se sentó en el capo mirando hacia la playa. Cabello largo castaño, su cuerpo se veía delicado bajo los rayos del sol, desde donde Bernard le veía se podía sentir el aura amable y sincero de la joven. Decidió observarla más desde donde estaba, hasta que no lo soporto más.

-HEY… BONITA – grito atrayendo la atención de la chica.

En el instante en que sus ojos se encontraron con los suyos se quedó quieto esperando cualquier movimiento por su parte, pero solo se quedó quita mirando hacia él, segundos después comenzó a correr como si hubiera sido atrapada en alguna mala situación. Bernard frunció el ceño sin entender el porqué de su reacción pero de inmediato comenzó a correr detrás de ella, su distancia se iba acortando hasta que le alcanzo jalándole del brazo, los dos cayeron a la arena, él arriba de ella.

-¿Por qué huías? – pregunto sin apartarse.

__

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Re: Momentos para meditar en compañia [Everleigh R. Pryder]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 29, 2013 6:17 pm

Mis piernas queman por el esfuerzo, pero no atrevo a detenerme. Escucho las pisadas de los policías detrás de mí. Doblo en una esquina y hago que, con los restos de la nieve derretida, la superficie del suelo se congele. Sé que les será imposible no resbalarse. Casi con maestría, me deslizo con los pies de costado a través del hielo. Sonrío con suficiencia al llegar al otro lado y sigo corriendo. Escucho golpes, alaridos e insultos detrás de mí. Río sin poder evitarlo y desacelero un poco. Ya he recorrido, aproximadamente, unas veinte cuadras y mis piernas ruegan por descanso.

Me encuentro en la Costa y el viento sacude mi cabello. Estiro los brazos hacia arriba y cierro mis ojos. Tarareo una vieja nana mientras siento el sol entibiarme.

La paz ya ha llegado a mí y ruego porque no se aleje. Los policías ya no están, no me permito pensar mucho en ellos. Pero eso no evita que mi subconsciente me regañe por haber sido tan estúpida. Con la tensión como estaba, continuamente iba a la playa para relajarme y practicar. Unos oficiales me habían visto usando mi poder y me habían perseguido para arrestarme. "Buena suerte la próxima" pienso con sorna. Bajo mis brazos y los tambaleo suavemente a mis lados. Abro mis ojos, dejo que se deslumbren por la belleza del ambiente.

Oigo una voz llamándome e inmediatamente me giro hacia ella. Un hombre de no más de 30 años me observa fijamente. Mi cuerpo se tensa y doy un involuntario paso hacia atrás. Luego otro y otro y otro. De pronto, me encuentro corriendo lo más lejos que puedo del hombre. No sé por qué lo hago, pero tampoco me detengo a pensarlo detenidamente.

Una mano toma mi brazo y chillo. Mis piernas se enredan y caigo contra la fría arena. Un macizo cuerpo cae sobre el mío. Observo sus ojos color gris plomo con un susto injustificado. Oigo su pregunta, pero no la respondo. En cambio, empiezo a golpearlo y a exigirle a los gritos que salga de encima de mí. Siento mi vista empañarse y, cuando finalmente se aleja, me arrastro rápidamente dejando una distancia considerable entre nosotros. El pánico lentamente se va disipando.

- ¡¿Qué diablos te pasa?! – le grito con la voz ronca. - ¡Aléjate de mí!

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